Las encimeras han dejado de ser un simple plano de trabajo. Son la superficie que más uso recibe en toda la casa y, también, una de las decisiones más duraderas en cualquier reforma. Por eso merece atención elegir bien: material, grosor, acabado y veteado pueden cambiar por completo la percepción de un espacio.
Bases claras con vetas suaves: claridad sin monotonía
El blanco liso y uniforme ha perdido peso. Lo que se busca ahora son superficies claras que aporten luz y amplitud, pero con matices. Encimeras que tengan algo que contar sin gritar.
Las vetas suaves en tonos crema con detalles marrones o dorados se han consolidado como una opción segura y atemporal. Modelos como Calacatta Gold, Oro del Jerte o Statuario Venato ofrecen ese equilibrio entre elegancia y calidez que funciona tanto en cocinas contemporáneas como en espacios más clásicos.
Son encimeras que no se cansan de mirar. El porcelánico de inspiración marmórea reproduce estas texturas con precisión, manteniendo además ventajas prácticas: resistencia a manchas, golpes y calor directo.
Encimeras oscuras: contraste y presencia
En cocinas amplias y con buena entrada de luz natural, las encimeras oscuras con vetas marcadas ganan terreno. Nero Marquina y Pietra Grey son dos ejemplos que aportan contraste inmediato y una presencia rotunda.
No son encimeras para todos los espacios. Necesitan metros cuadrados y luminosidad, pero cuando las condiciones lo permiten, el resultado tiene peso visual. Funcionan especialmente bien con muebles en tonos claros o maderas naturales, creando ese juego de luz y sombra que define espacios con carácter.
Acabados lisos y serenos: grises, beiges y blancos rotos
Junto a las vetas, crece el interés por superficies completamente lisas en tonos neutros. Grises claros, beiges y blancos rotos que buscan la serenidad.
Son encimeras que se integran sin competir. Fáciles de mantener, versátiles y con una neutralidad que permite que otros elementos de la cocina tomen protagonismo: un zócalo de madera, una grifería con diseño cuidado, una isla con volumen propio.
Este tipo de acabado también envejece bien. No depende de modas concretas y su mantenimiento diario es sencillo: un paño húmedo y productos neutros bastan para conservar su aspecto original.
Piedra natural: autenticidad que no caduca
El mármol, el granito y la cuarcita siguen presentes. No entienden de ciclos cortos ni tendencias pasajeras. Son materiales que estaban aquí antes y seguirán estándolo.
La piedra natural aporta irregularidades que ninguna tecnología puede replicar del todo. Cada pieza es única. Las vetas no se repiten, los matices cambian según la luz, y con los años, el material adquiere una pátina que suma, no resta.
Requieren más atención que el porcelánico: sellados periódicos, limpieza específica, precaución con ciertos productos. Pero esa exigencia forma parte de su valor. Son materiales que piden respeto y lo devuelven en forma de presencia auténtica.
Materiales que envejecen bien
Una cocina no se cambia cada cinco años. Las encimeras menos aún. Por eso merece la pena elegir materiales y acabados que no dependan de lo que se lleva esta temporada.
Las bases claras con vetas suaves, las piedras naturales bien tratadas y los acabados mate en tonos neutros comparten algo: resisten el paso del tiempo sin perder su lógica. No son elecciones arriesgadas, pero tampoco aburridas. Son decisiones que se sostienen.
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